Varias veces me han preguntado por las cosas que extrañé, viviendo en Alemania. Y bueno, extrañé el bife de chorizo, las librerías y los quioscos de la calle Corrientes, los pirulos de Rudy, comerme un bondipan en la costanera sur, tomar un café con medialunas de manteca en el bar El Galeón de Palermo, los alfajores Havanna, los bares de la placita Serrano, las puteadas… Extrañé la ironía.
Alemania
Silencio, Alemania
Los alemanes no hacen ruido. Como ya he dicho, en Alemania los bebes no lloran y los perros no ladran. Si tu pichicho ladra es probable que un vecino lo denuncie y tengas que llevarlo a la escuela donde le enseñan a no hacerlo nunca más. Un mes después te visitan y le hacen un test para chequear que el bicho aprendió a no ser perro. Curiosamente con un bebé no hacen lo mismo y el infeliz empieza el Kindergarten habiendo aprendido a no llorar, en casa y gracias a sus amorosos padres. Cuando llega el primer día están hechos una seda pero allí en la puerta retroceden unos casilleros porque es sabido que el olor a galletitas los pone a llorar a gritos.
Sankt Pauli
Entro a un bar en la Bremer straße, en una esquina encogida por el humo y la madera, y enseguida el olor a cigarrillo me lleva veinte años atrás, a la época en que se podía fumar en lugares cerrados en Uruguay, y volvía a casa con los ojos rojos y los pulmones negros. Son las dos de la tarde y en la barra unos tipos toman sus botellitas de Astra, la cerveza local, con cara de estar ahí desde hace años. Astranautas, que les dicen.
Uno en un millón
Ahmed es sirio, tiene cuarenta años y vive en Bonn desde hace dos. Es corpulento, de tez morena, cara lampiña y con una oreja más grande que la otra. Lo conocí en clases de alemán. En Al Malikiya —una ciudad en el noreste de Siria en la frontera con Turquía y cerca de Irak— vivía con su esposa y llevaba adelante su propia farmacia. Le iba bien hasta que vino la guerra y se quedó sin nada.
Casos y cosas del transporte
Una consecuencia afortunada de haber sido capital es que Bonn tiene una infraestructura proyectada para un crecimiento y una alcurnia que finalmente no tuvo. Tiene líneas de metro con estaciones como para Tokio y resulta que arriba no vive nadie para llenarlas ni siquiera en horas pico. Uno baja a la estación, mira para allá, mira para acullá y dispone de cien metros para sentirse solo. No pasan los cardos volando porque no hay ni viento, apenas un tipo del otro lado más solo que yo.

Juntos pero no revueltos
Lukas es un amigo de Berlin que vivía en España hasta que tuvo que volver por culpa de la crisis. Siempre que puede se manda una escapada a Zaragoza para visitar a los amigos y es que en tres semanas que pasa allá tiene más vida social que en el resto del año en Alemania. Su trabajo le ha llevado a ciudades pequeñas como Osnabrück o Cottbus pero acá es muy difícil hacer amigos en el trabajo porque la gente va al trabajo a trabajar. Es más fácil conocer gente en clubes o asociaciones de algo, que está lleno ya que son de asociarse para hacer lo que les gusta. Y sin embargo conseguir pareja es más difícil que nadar de poncho. Seguir leyendo «Juntos pero no revueltos»
Me voy al cine a tomar una cerveza
En esta vieja cultura frita aún sobreviven los cines de barrio, con proyección en 35 mm, butacas antiguas, piso de madera y pesados telones de terciopelo burdeos. Son salas medianas, familiares, en donde se proyectan películas con subtítulos en vez de dobladas (que es lo usual en Alemania) y en donde exhiben sobre todo producciones nacionales o periféricas, si bien es posible ver películas de masas como la última de Tarantino o de los Coen. Y allí, mientras el muchacho zafa saltando un muro, o la rubia se pone la camisa del amante y lo despierta, o no le embocan al héroe ni un balazo, vos te tomás una cervecita.
De la tristeza y los autos autónomos
Ayer mi hermano Alvaro hubiera cumplido 47 años. Hace dos años y medio un tipo lo chocó de frente matándolo a él y a la chica que lo acompañaba. El desgraciado se llama William Nuñez y vivió para contarlo pero dice que no se acuerda de nada.
Karneval
En el carnaval de Köln eligen reina pero es un hombre, hay desfiles pero nadie baila, todos se disfrazan pero se hacen los boludos y todo el mundo toma hasta morir pero nadie se muere.
Bombe
Ayer fuimos al teatro a ver una comedia de esas cuya escenografía es un living y en donde los enredos se suceden con gente que entra y que sale. Entendí lo suficiente como para reírme en la mitad de los casos y como habíamos ido con entradas gratis me alegré a medias en vez de molestarme en igual medida.