Una de las cosas que me preocupa es que soy un padre viejo. Voy a cumplir 50 años y Vico tiene un año recién cumplido. En otros tiempos, esto no representaba un problema por tres razones: los padres de 50 no eran primerizos, habían tenido como diez antes y se les habían muerto dos o tres. Johann Sebastian Bach, por ejemplo, tuvo 20 hijos: siete con su primera esposa, que era prima segunda suya, y 13 con la segunda. Fue padre por primera vez con 22 años y por última con 57. La segunda razón es que la crianza no era asunto del padre, y si tenían dinero, tampoco de la madre. Hoy por hoy está bien visto que los padres se ocupen de sus hijos y desentenderse es un lujo que sólo se puede dar Mick Jagger y algún otro.
Seguir leyendo «La guerra de los mundos»17 de abril de 2020
No sé bien a quién atribuirle la responsabilidad, si a Hitler o al portero del edificio. ¿Creen ustedes en la predestinación dada por el día y año del nacimiento? Vico iba a nacer el lunes 20 de abril pero por esas cosas de la vida se adelantó para el 17. Días antes ya sabíamos que sería cesárea porque no se había puesto de cabeza y en la penúltima consulta con la ginecóloga habíamos fijado fecha.
Seguir leyendo «17 de abril de 2020»Disfruten que pasa rápido
El tiempo pasa y cada semana podemos experimentar en carne propia lo que alguien nos había contado que pasaría. La transmisión de conocimiento de padres viejos a padres jóvenes (es un decir) no falla y ya vamos viendo cómo Vico va quemando etapas a la velocidad del rayo. Los desvelos literales de ayer son recuerdos difusos ahora que podés tirarlo dormido a la cuna desde la línea de tres que cae redondo. La falta de sueño ha cedido paso a otros flancos diurnos donde desvelarse, pero más allá de todos los bemoles, es un verdadero espectáculo asistir al desarrollo temprano de un individuo. Y es temprano en serio, porque se levanta a las 7 de la mañana.
Seguir leyendo «Disfruten que pasa rápido»Matronatación, deporte extremo
En cuanto habilitaron la piscina del club para matronatación, con agenda previa, me anoté para ir con Vice. Como medida sanitaria contra la pandemia sólo puede acompañarlo un padre, y no me voy a poner a discutir, porque en este país somos tres millones de epidemiólogos. Como el socio soy yo, he aquí nuestra primera actividad de camaradería social y deportiva. La primera vez, la madre viene con nosotros para sacar fotos desde el balcón pero las profesoras la dejan bajar y estar al borde de la piscina. La lucha contra el covid 19 impone límites que gracias a la buena onda se estiran hasta ahí.
Seguir leyendo «Matronatación, deporte extremo»Un mes siéndolo meciéndolo
Mientras el cerebro del bebé es un volcán activo al que aún no se le ve lava brotando, un prodigio de actividad silenciosa pero de vértigo llenando el disco duro con información fundamental, el del padre, por el contrario, se ve reducido a dirigir tareas domésticas prosaicas y aburridas. El tiempo que antes invertías en llenar tu propio disco duro de pavadas desaparece y vos andas por la casa al servicio de la nueva vida, paseándolo a horas psicopáticas, cambiando un pañal premiado, haciendo una bolita con un moco que no es tuyo.
Seguir leyendo «Un mes siéndolo meciéndolo»Diario de una noche en San Gregorio
Luego de un rato largo en brazos, la madre ha logrado dormirlo y acostarlo en la cuna, que viene a ser un polder de nuestra cama. Nos quedamos un rato mirándolo, intentando detectar leves movimientos que anuncien que no está tan dormido como parece. Se mueve. Horror. Se queja finito, todavía a volumen bajo pero comprobamos con pavor que se incuba el berrido. ¿Hay que levantarlo ahora o esperar? Yo qué sé. Nunca se sabe. No hay manual, hay que desarrollar la intuición. Ahora estamos con la política de llanto cero: no esperar a que el tipo llegue a cantar en la ópera.
Lost in translation
Varias veces me han preguntado por las cosas que extrañé, viviendo en Alemania. Y bueno, extrañé el bife de chorizo, las librerías y los quioscos de la calle Corrientes, los pirulos de Rudy, comerme un bondipan en la costanera sur, tomar un café con medialunas de manteca en el bar El Galeón de Palermo, los alfajores Havanna, los bares de la placita Serrano, las puteadas… Extrañé la ironía.
Vivir sin trabajar

Soy consciente de que estar un año sin trabajar es algo que pocos pueden hacer y menos aún hacen. Muchas veces me encontré en dificultades para defender esta decisión. Soy informático e iba a vivir a una de las zonas de Alemania más fuertes económicamente, con desempleo cero en informática, pero había decidido no buscar trabajo, hacer deporte, dedicarme a escribir un libro y poner un quiosco en internet. Además de viajar y entregarme a la molicie, claro.
Silencio, Alemania
Los alemanes no hacen ruido. Como ya he dicho, en Alemania los bebes no lloran y los perros no ladran. Si tu pichicho ladra es probable que un vecino lo denuncie y tengas que llevarlo a la escuela donde le enseñan a no hacerlo nunca más. Un mes después te visitan y le hacen un test para chequear que el bicho aprendió a no ser perro. Curiosamente con un bebé no hacen lo mismo y el infeliz empieza el Kindergarten habiendo aprendido a no llorar, en casa y gracias a sus amorosos padres. Cuando llega el primer día están hechos una seda pero allí en la puerta retroceden unos casilleros porque es sabido que el olor a galletitas los pone a llorar a gritos.
Sankt Pauli
Entro a un bar en la Bremer straße, en una esquina encogida por el humo y la madera, y enseguida el olor a cigarrillo me lleva veinte años atrás, a la época en que se podía fumar en lugares cerrados en Uruguay, y volvía a casa con los ojos rojos y los pulmones negros. Son las dos de la tarde y en la barra unos tipos toman sus botellitas de Astra, la cerveza local, con cara de estar ahí desde hace años. Astranautas, que les dicen.