Karneval

En el carnaval de Köln eligen reina pero es un hombre, hay desfiles pero nadie baila, todos se disfrazan pero se hacen los boludos y todo el mundo toma hasta morir pero nadie se muere.

No es algo que uno asocie con Alemania y sin embargo el carnaval es la fiesta tradicional más grande de esta región del país. Durante cinco días, a toda hora, niños, jóvenes, familias, abuelos, andan por la calle disfrazados. Y es divertido ver un tigre esperando el ómnibus, o un pirata andando en bici o tres abejas tomando cerveza en una esquina. El día de la inauguración los gobernantes salen disfrazados hablando por la TV. Y nosotros nos fuimos a Köln vestidos de orientales.

La tradición de disfrazarse está muy arraigada y consecuentemente hay tiendas de disfraces del tamaño de supermercados, abiertas todo el año. Por suerte hay muchos que se disfrazan para hacer el ridículo; semejantes pelotudos vestidos de conejos, bebes o bailarinas de ballet, que sin embargo no actúan el personaje, van por la calle como si no les estuviera pasando a ellos, como si fuera un día normal.

No falta la elección de la reina del carnaval. Eligen un Prinz, un Bauer (campesino) y una Jungfrau (una virgen digamos) y los tres son machos. El criterio para la elección es ramplón: a cambio de la distinción ellos ponen plata, por lo que siempre son personas de bolsillo gordo. Como al principio era una fiesta exclusivamente de hombres, elegían esas figuras entre ellos y ha perdurado que así sea.

Cada barrio tiene su desfile así que el sábado vamos al de Oberkassel –el barrio vecino– con un amigo de Berlin que vino de visita. La joda de los desfiles estos es tirar dulces: pasa un camión más o menos disfrazado y desde arriba tiran golosinas a la gente, atrás viene la banda, vestidos todos igual, tocando marchitas tradicionales o militares a base de trompeta, y atrás más gente igualmente engalanada tirando más dulces. Imagine el lector lo que ocurriría en su país si tiraran caramelos, papitas chips y chocolates en el desfile de carnaval. En el mío se armaría una batalla campal. Los últimos camiones son los de los limpiadores: vienen inmediatamente detrás pasando la aspiradora, la escobilla, perfumol y acá no ha pasado nada.

El domingo vamos al desfile familiar más grande, en Köln. Las bandas que desfilan son de escuelas y liceos. La dinámica es la misma: pasar tocando bombo y trompeta, o flautita y xilofón, y arrojar golosinas a los espectadores. Todos regalan papas chips o dulces, menos los de la Waldorf que regalan maní casero. Hay un liceo trasnochado que regala fideos en bolsitas, pero son cinco fideos, no sirve para nada, ha de ser un mensaje que no alcanzo a entender. También regalan flores. Miramos el desfile con mi amigo mientras nos bajamos un par de litros de cerveza, alternando con bares en donde calentarnos un poco, tomar otra y echar una Pisse. Por todos lados se ve la Polizei. Dos mil policías –el doble que el año anterior– cuidan que los desmanes de fin de año no se repitan, mientras soportan la simpatía boba de los que les elogian lo bien que les quedó el disfraz.

El desfile del lunes es el broche final. Es lo mismo pero sin niños o sea con mucho más dinero invertido (siempre a los niños se los arregla con poca plata), carrozas más grandes y con motivos políticos, y mujeres mostrando las piernas. No bailan pero hacen acrobacias; los tipos levantan a las minas y las sostienen en lo alto con una mano en el culo. Un éxito. Baile en la calle no hay. Son desfiles de comparsas carnavalescas caminando, tocando, cantando, haciendo acrobacias y regalando porquerías para la hipertensión y la diabetes, pero no se ve a nadie bailando. Los aborígenes no bailan ni amenazados ni amenizados, te podrán dar un baile jugando al fútbol pero en el desfile no hay manera. Un alemán que baila es un alemán borracho y eso viene más tarde, que recién son las dos de la tarde.

Caminando por una de las peatonales escucho una música conocida: un trío de acordeón, percusión y clarinete toca la música tradicional checa que tomó La Línea Maginot en 1940 para la despedida de murga que dice “se va La Gran muñeca, la Milongá Nacional”. La letra viene sola a mi cabeza, es inevitable, y es raro porque todo lo demás es un escenario insospechado para tal disparo. Es febrero pero el cielo está gris y hay diez grados y las vidrieras y los carteles y las gentes pasan en alemán. Pero se van se van Los Patos Los Asaltantes se van.

La fiesta sigue en los bares y en los clubes, en donde las cancioncitas de carnaval de letra fácil y rima obvia se electrifican, se mezclan con pop y tecno, se ensucian como la nieve mientras la barra mamada corea:

Polka Polka Polka
vom Rhein bis an die Wolga
Polka Polka Polka
der Peter und die Olga.

Y entonces sí, empieza el baile.

Karneval

5 comentarios en “Karneval

    1. Avatar de carlos enrique De Matteo Sosa carlos enrique De Matteo Sosa dijo:

      Loco el carnaval ! Te mandé decir que corri un triatlon,me toco hacer bici 10km , use tu nike 2005 ! Tu regalo .Javier cumplí tu pedido con mi madrina y ya me contestó .Abrazo , cuando aprenda te mando fotos de la carrera .

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  1. Avatar de m m dijo:

    Pri.

    Qué lindo ir caminando por cualquier rincón lejano y de repente escuchar una despedida de murga.
    Mortal el disfraz de caballito. Y si te dan ganas de echar una pisse y estás inmovilizado por la muchedumbre, no te hacés problema.

    Saludos a Peter y a Olga.

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