Onetti en Alicante

Acababa de terminar una biografía de Juan Carlos Onetti cuando me puse a buscar cosas para hacer en Alicante, adonde viajaría en pocos días, y hete aquí que una exposición temporal sobre dicho autor se destacaba en un portal. Así que, agradecido por la coincidencia, una vez instalados, y después de dedicar los primeros paseos a la rambla y el castillo de Santa Bárbara, fuimos a ver de qué se trataba.

Juan Carlos Onetti es uno de esos autores muy respetados por sus colegas pero poco leído por el resto. Le debemos mucho a Onetti, dice Vargas Llosa, siempre viajo con un libro suyo dice otro. Había leído pocas obras suyas y no conocía detalles de su vida, y de la lectura de esta biografía resalta que él mismo era todo un personaje. El Onetti que nos presenta Carlos María Domínguez podría pasearse por muchos libros, como algunos personajes que él creó lo hicieron en los suyos.

Baste decir que con 20 años se casó con una prima suya para divorciarse cuatro años después y al poco casarse con la hermana de su prima (o sea otra prima). Fue y vino entre Buenos Aires y Montevideo y se casó con dos mujeres más, además de haber tenido un sin fin de relaciones caóticas y singulares, entre las cuales se destaca la que tuvo con Idea Vilariño.

Menciono un par de cosas para apenas pintarlo. En la época de Perón, las radios estaban siempre prendidas y a todo volumen para que nadie dejara de escucharlas. «Onetti quería escribir ¿y qué hacía? No le alcanzaban los algodones. Bajaba la persiana del depto, cerraba la puerta del balcón por más calor que hiciera, se ponía rebanadas de jabón en los oídos hasta taparlos. Después se le inflamaban, le daban unos dolores horribles».

Acerca de la relación con Idea Vilariño cuenta ella que él no decía una mentira, aunque partiera el alma decía la verdad. «Pese a todo fue el hombre más importante de mi vida. Hay un poema que dice: te eché de casa enfermo, borracho, viejo, triste… Lo echaba porque no podía tolerar más las situaciones que creaba». Dice Homero Alsina Tevenet: «describir el amor como una actividad sórdida y carente de humorismo es un punto preferido en la temática del autor». Y las situaciones que menciona Idea se ajustan al tono de esas descripciones, no es difícil imaginarlo abrevando de su propia vida.

Sin embargo Juan Carlos tenía un fino humor socarrón. En uno de sus retornos a Montevideo luego de haber vivido en Buenos Aires alguien le preguntó cómo se sentía con el regreso.
—Ah sí, acá me siento bien —dijo Onetti—. Todo el mundo me conoce, todo el mundo me saluda.
—Habrás extrañado en Buenos Aires…
—No, ¿por qué? Allá era feliz, nadie me conocía, nadie me saludaba.

En la última entrevista con María Esther Gilio arriesgó una definición de sí «mientras buscaba una palabra que reflejara «quién soy yo, quién fui yo». Esa palabra sería ‘indiferencia’. Que no quiere decir falta de participación. Pero las cosas no me dolían. O no me dolían como para trastornar mi vida, modificarla […] Más de una vez yo dije sin ningún propósito de vanidad ‘Mi reino no es de este mundo’. Y en verdad no es. Mi mundo es el que yo me invento, y este en el que vivo sólo existe en cuanto me da material para el otro. Es en ese sentido que vale para mí. El hecho de que sea de aquí de donde yo saco la materia para construir el mundo de mi literatura hace que viva este mundo con una gran distancia».

Dice él mismo de sus libros y sus personajes: «Lo más importante que tengo sobre mis libros es una sensación de sinceridad. De haber sido siempre Onetti. De no haber usado nunca ningún truco…, de no haberme estafado a mi mismo ni a nadie, nunca». Y su mundo era más grande que sus novelas, en las cuales sus personajes, que lo acompañaban, se repetían. Le tenía más cariño a ellos que a sus libros. Yo me quedo con una frase suya: La literatura es mentir bien la verdad.

Durante años Onetti durmió durante el día. Despertaba a las diez de la noche, se alimentaba de cigarrillos, whisky y tortas dulces. Dolly, su mujer, ponía frazadas en las puertas para poder practicar el violín. Los últimos 18 años de su vida los pasó acostado en Madrid, y allí se quedaron las cosas que ahora, dos décadas después, se exponen en Alicante.

Mientras recorro la exposición y veo el dormitorio montado en un rincón del gran espacio dedicado a este hombre, me sorprende la profusión de objetos conservados y pienso en la  valoración de su obra, en España y en Uruguay. Acabó yéndose de Montevideo, tras unos meses detenido por haber sido jurado en un concurso de Marcha con resultado escandaloso a los ojos de los titanes del orden viril, y nunca más volvió. Cuatro años después, en 1980, le fue concedido el premio Cervantes,y con el dinero del premio compraron el piso de Madrid en el que pasaría sus últimos años, y dos oficinas para rentar.

Pienso en el esfuerzo de traer todo esto hasta aquí. Eso da una idea de la importancia que aún tiene. Me pregunto qué hacen con tantos objetos personales y estos muebles de alcoba cuando no están en exposición, con la cama tendida.

dsc06809dsc06811dsc06816dsc06817

En el barrio valenciano de Ruzafa compré Juntacadáveres y lo leí al regreso. Leerlo no es fácil pero paga. Si uno no se impacienta con que la acción lo lleve a algún lado, puede terminar sumergido en ese mundo pueblerino que se va construyendo con lentitud, y perderse en el «paisaje de arrabal, alambrados con enredaderas, talleres mecánicos con esqueletos de automóviles, madapolanes y zarazas encogidos por el viento sobre los frentes de ladrillo de las tiendas con nombres femeninos».

Los dejo con comentarios suyos sobre algunas de sus obras:

dsc06819dsc06822dsc06820

Onetti en Alicante

Un comentario en “Onetti en Alicante

Replica a Luis Cancelar la respuesta